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Literatura

La gran alegría / Pablo Neruda


La sombra que indagué ya no me pertenece.
Yo tengo la alegría duradera del mástil,
la herencia de los bosques, el viento del camino
y un día decidido bajo la luz terrestre.

No escribo para que otros libros me aprisionen
ni para encarnizados aprendices de lirio,
sino para sencillos habitantes que piden
agua y luna, elementos del orden inmutable,
escuelas, pan y vino, guitarras y herramientas.

Escribo para el pueblo, aunque no pueda
leer mí poesía con sus ojos rurales
Vendrá el instante en que una línea, el aire
que removió mi vida, llegará a sus orejas,
y entonces el labriego levantará los ojos,
el minero sonreirá rompiendo piedras,
el palanquero se limpiará la frente,
el pescador verá mejor el brillo
de un pez que palpitando le quemará las manos,
el mecánico, limpio, recién lavado, lleno
de aroma de jabón mirará mis poemas,
y ellos dirán tal vez: «Fue un camarada».

Eso es bastante, ésa es la corona que quiero.

Quiero que a la salida de fábricas y minas
esté mi poesía adherida a la tierra,
al aire, a la victoria del hombre maltratado.
Quiero que un joven halle en la dureza
que construí, con lentitud y con metales,
como una caja, abriéndola, cara a cara, la vida,
y hundiendo el alma toque las ráfagas que hicieron
mi alegría, en la altura tempestuosa.

Del libro: Canto general.

Nacido en Parral y fallecido el 23 de septiembre de 1973 en Santiago de Chile, la figura de Pablo Neruda será siempre un referente en la poesía y en la vida.

Nocturno / Rafael Alberti

Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
se escucha que transita solamente la rabia,
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
y en las médulas arde continua la venganza,
las palabras entonces no sirven: son palabras.

Balas. Balas.

Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas.
¡qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,
qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!

Balas. Balas.

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
cuando desde el abismo de su idioma quisiera
gritar lo que no puede por imposible, y calla.

Balas. Balas.

Siento esta noche heridas de muerte las palabras.

Nuevo libro de Galeano

Galeano está estos días en España -más concretamente en Galicia- presentando su último libro Espejos: una historia casi universal, descrito, según el propio autor, como 600 pequeñas historias "desde el punto de los que no salieron en la foto, el de los excluídos, los invisibles, los vencidos".


Pongo aquí algunos fragmentos:

Cuando fueron desalojados del Paraíso, Adán y Eva se mudaron al Africa, no a París.
Algún tiempo después, cuando ya sus hijos se habían lanzado a los caminos del mundo, se inventó la escritura. En Irak, no en Texas.
También el álgebra se inventó en Irak. La fundó Mohamed al Jwarizmi, hace mil doscientos años, y las palabras algoritmo y guarismo derivan de su nombre.
Los nombres suelen no coincidir con lo que nombran. En el British Museum, pongamos por caso, las esculturas del Partenón se llaman “mármoles de Elgin”, pero son mármoles de Fidias. Elgin se llamaba el inglés que las vendió al museo.
Las tres novedades que hicieron posible el Renacimiento europeo, la brújula, la pólvora y la imprenta, habían sido inventadas por los chinos, que también inventaron casi todo lo que Europa reinventó.
Los hindúes habían sabido antes que nadie que la Tierra era redonda y los mayas habían creado el calendario más exacto de todos los tiempos.

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En nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad, la Revolución Francesa proclamó en 1793 la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Entonces, la militante revolucionaria Olympia de Gouges propuso la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. La guillotina le cortó la cabeza.
Medio siglo después, otro gobierno revolucionario, durante la Primera Comuna de París, proclamó el sufragio universal. Al mismo tiempo, negó el derecho de voto a las mujeres, por unanimidad menos uno: 899 votos en contra, uno a favor.

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Operaciones de marketing. La opinión pública es el target. Las guerras se venden mintiendo, como se venden los autos.
En 1964, los Estados Unidos invadieron Vietnam, porque Vietnam había atacado dos buques de los Estados Unidos en el golfo de Tonkin. Cuando ya la guerra había destripado a una multitud de vietnamitas, el ministro de Defensa, Robert McNamara, reconoció que el ataque de Tonkin no había existido.
Cuarenta años después, la historia se repitió en Irak.

 

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Miles de muertos sin sepultura deambulan por la pampa argentina. Son los desaparecidos de la última dictadura militar.
La dictadura del general Videla aplicó en escala jamás vista la desaparición como arma de guerra. La aplicó, pero no la inventó. Un siglo antes, el general Roca había utilizado contra los indios esta obra maestra de la crueldad, que obliga a cada muerto a morir varias veces y que condena a sus queridos a volverse locos persiguiendo su sombra fugitiva.
En la Argentina, como en toda América, los indios fueron los primeros desaparecidos. Desaparecieron antes de aparecer. El general Roca llamó conquista del desierto a su invasión de las tierras indígenas. La Patagonia era un espacio vacío, un reino de la nada, habitado por nadie.
Y los indios siguieron desapareciendo después. Los que se sometieron y renunciaron a la tierra y a todo fueron llamados indios reducidos: reducidos hasta desaparecer. Y los que no se sometieron y fueron vencidos a balazos y sablazos, desaparecieron convertidos en números, muertos sin nombre, en los partes militares. Y sus hijos desaparecieron también: repartidos como botín de guerra, llamados con otros nombres, vaciados de memoria, esclavitos de los asesinos de sus padres.

PD. Me han dicho que ultimamente ando muy "Galeana"; ya quisiera llegar a la décima parte de la calidad y complicidad de su escritura; si bien es cierto que su máxima de la utopía me anima a caminar cada día.

Para que yo me llame Ángel González

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...

PD. Se nos fue un gran hombre, un gran poeta.

Bombas sobre Bagdad / Paulino Aparicio Ortega


Todas las manos juntas de la gente, esa guerra de manos
como un clamor de cañones ilesos, no fueron suficientes,
y la sangre se tiende pulso a pulso por una catástrofe real.
Ya sabíamos que los muertos acabarían siendo ciertos,
porque las bombas no son inteligentes.
Hoy se rifó metralla en un mercado, al peso,
y detrás de cada casa por la noche, hay ojos aterrados
sintiendo la tormenta de estar en el punto de mira.
Seres apagados, quedan entre las llamas,
andando desde el miedo, con un grito en los ojos.
Dormid si es que podéis salvadores aciagos.
Dad vueltas a las cosas torcidas para que parezcan derechas,
y luego vendedlas como saldos en un mercado que esté fuera de tiro,
no vayan esas bombas clarividentes a hacer nuevos estragos.
Lo peor de la guerra es que no tiene nombre.
Nombrar el exterminio mancha la lengua,
por eso se le buscan falsas metáforas de salvación.
Pero la guerra no puede disfrazarse,
es demasiado impresentable;
pisotón de un zapato a las hormigas,
aspas locas del odio y de la furia,
argumento final del que carece de argumentos.
Incluso después que los marines desfilen por Manhattan
quedará la cosecha tardía del silencio,
las magulladuras intratables y la duda instalada.
El fracaso de toda guerra.
Eso que no trascribe fácilmente.
No hay bombas inteligentes.
Lo único inteligente que tiene el ser humano es la palabra,
y en cada guerra, la palabra la pisan con sus botas los soldados.

Saramago, 85 años haciendo memoria

Hace 16 años que descubrí la memoria de Saramago, esa literatura tan distinta que no parece que lees un libro sino que te lo está contando él mismo. Y desde que escuché su voz en ese portugués tan dulce, me parece oirla entre los párrafos sin puntos de sus obras, paseándose en el pasado y el presente de Lisboa, del Alentejo, de Lanzarote, de la memoria.
El 23 de noviembre se inauguró, en la sede de la Fundación César Manrique de Lanzarote, la Exposición "José Saramago, La Consistencia de los Sueños", y que se podrá visitar hasta el 16 de enero. En ella se analizará la figura del Saramago escritor y también la del Saramago ciudadano y su compromiso social. La exposición reune unos 500 documentos originales y otros en formato digital, con los que será posible recorrer de forma analítica la trayectoria del escritor luso.
El cuerpo de Saramago ha dejado en estos últimos meses de ofrecer esa vitalidad intelectual y viajera que tanto le caracteriza, el hombre está un poco débil y su salud parece querer gastarle una broma de mal gusto. Desde aquí decirle que no valen sustos, que espero que se recupere pronto para poder seguir creciendo sonriendo y viviendo con la lectura de sus libros.